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Florencia entre Edad Media y Renacimiento

L a ciudad en su totalidad, y también el barrio, la calle, el cabaret, los hoteles son lugares que al historiador como al paseante atento las maneras antiguas de vivir juntos, la ciudad guardando siempre rastro de las relaciones sociales que la marcan y la trabajan. Por lo tanto, se puede percibir la ciudad de Florencia de distintas maneras, y a distintas escalas.

Se puede en primer lugar ver Florencia como un "sistema" urbano, funcional y simbólico a la vez, que los arquitectos florentinos pensaron deliberadamente y construyeron. Este sistema se ve a través de los edificios mismos, su localización, la manera en que se ponen en escena y sirven para poner en escena a los distintos protagonistas de la ciudad, pero también en las relaciones (funciones, recorridos, perspectivas) que pueden existir entre ellos. A las consideraciones puramente materiales y plásticas se añaden las consideraciones cívicas, lo que los edificios simbolizan, debido a la voluntad del poder tanto como a la del arquitecto. Al gran orgullo que suscitaban en los ciudadanos florentinos del Trecento, se añade un valor simbólico muy fuerte, mensaje fácilmente accesible y leíble para los hombres del tiempo. El "ciclo" que el conjunto de estos monumentos compone refleja distintos aspectos de una ideología cívica muy unificadora, y resulta de una coordinación global sabiamente calculada.

Pianta prospettico

El sistema urbano así determinado impone un método de percepción espacial específico de estos emblemas arquitectónicos: los lugares, abiertos por razones prácticas y/o para poner los edificios en valor, lo hacen ofreciendo sobre ellos perspectivas cuidadosamente calculadas. En otras partes, se coordinan las construcciones por dos, o alrededor de una plaza central (Siena), o a lo largo de una perspectiva particular (Perugia). En Florencia, es el conjunto de la ciudad que resulta de una precisa voluntad.

Se puede, en segundo lugar, "leer" la ciudad por sus funciones, estudiar la distribución de los mercados, de los accesos, de las actividades de los distintos barrios. Con el Renacimiento, nuevas exigencias de urbanismo se imponen. Se siente la necesidad de calles más amplias, y más limpias, de imponer reglamentos, como los tienen los circuitos europeos del comercio, a la vida en común en la ciudad, los barrios y los palacios, de optimizar el uso de los recursos, del agua en primer lugar. Se vuelve de nuevo progresivamente a la regularidad, a la simetría, y se percibe la necesidad de espacios libres y abiertos para permitir a la mirada de admirar y de penetrar palacios-adentro el armazón de la ciudad. El Renacimiento conquista la Florencia monumental y cívica con facilidad. Después, mas lentamente, progresivamente, engloba las callejuelas más medievales y más tortuosas, transformando la ciudad en profundidad.

photos G. Romero. Assemblage p. taieb

Se puede también ver Florencia, en tercer lugar, al igual que cualquiera ciudad de la época, como la coincidencia estrecha de espacios privados y de espacios públicos. La tipología de superposiciones es rica y variada: loggias y pórticos, varias clases de objetos al suelo molestan la circulación. El primer piso no solo sobresale de la fachada, pero a menudo reposa sobre pilares que se apoyan en el medio de la misma calle. Los sporti, saledizos de los pisos altos bajo techo, protegen las paredes de la lluvia, y alimentan el conducto central de la calzada, pero obscurecen también las calles y acercan de manera tal los palacios frente a frente que la promiscuidad puede ser visualmente más fuerte que con los vecinos directos. Los pasos entre edificios cruzan las calles en bóvedas, obscureciéndolas. Por falta de normas de funcionamiento claras, los residuos y basuras varias se acumulan en las calles, venidas de las carnicerías, de los talleres de tinte, de las actividades de los curtidores. Las calles, polvorientas en tiempo normal, se convierten en insuperables torrentes en caso de lluvia.

Todas estas formas urbanas de la vida cotidiana de los florentinos, formas de la proximidad y del medio y medio, son los objetivos principales de la legislación comunal que trabaja para distinguir más francamente y claramente, las formas y los espacios privados de las formas y espacios públicos. Es así que, edificios de derecho privado con forma de edificio público, las torres de familia o de hermandades potentes dan sombra, con su altura, a las torres de la ciudad, que no se da paz antes de lograr limitar su altura, o de derrumbarlas al suelo cuando es posible. Las familias y las agrupaciones "de suerte común" establecen verdaderas estrategias de control social y de propiedad de la tierra en la Edad media. Pero el fin de la Edad media y el Renacimiento imponen otras políticas urbanas, que sobresalen las necesidades inmediatas de los dirigentes o de sus grupos de interés, y que imponen a la ciudad una exigencia urbanística global, para el bien común.

Giovanni Stradano

La ciudad, claramente, se impone a sus habitantes, en su vida de todos los días, pero también en los grandes acontecimientos cívicos o menos cívicos. La ciudad es el teatro de las ceremonias del poder, como de las luchas, abiertas o no, de las oposiciones. En este sentido, es objeto del juego y protagonista al mismo tiempo. Primer organizadora de cualquier ritualisación de la comunicación política, la ciudad obliga y guía materialmente, indica el recorrido de las ceremonias, determina en que orden serán visitados los monumentos, así como los que se tienen que evitar. Las modalidades de atravesamiento de la ciudad, antiguas, nuevas o renovadas, cambian de significado. Los lugares abiertos al público toman así sus lettres de noblesse, y se vuelven los lugares donde se discute, se decide y se pone en escena la cosa pública.

Los florentinos juegan de estos lugares y espacios con maestría, sean ellos los que prescriben, como, por ejemplo, los Medici, o simplemente en deber de comprender el sentido de las modificaciones, como los más modestos ciudadanos.

Cambiar de barrio es por ejemplo un gesto fuerte gesto, que implica el desplazamiento de enteras partes de la ciudad, donde viven los clientes mas próximos de los Medici. Pasar el Arno, y construir, a partir de 1550, fecha de compra, sobre el palacio urbano de Pitti, hecho en los años 1440, una estructura próxima a la fortaleza es una fuerte señal, en el momento en que Cosimo I está en paso de pasar a ser Gran Duque de Toscana.

Acentuar la solemnidad de los lugares es también una manera de despolitizarlos y de bloquear su utilización en cuanto espacio público. Parado en un momento de la historia y del tiempo, un lugar de deliberación política se llena de monumentos, estatuas, frescos, y se convierte gradualmente en el lugar de la celebración dinástica, por una estrategia "suave" de inversión de las señales. Es así como la loggia dei Lanzi se relleno de esculturas, como el interior del Palazzo della Signoria, transformando duraderamente en lugares de culto de el arte y de los mécenos, espacios atribuidos antes a la política y a su versatilidad. El camino opuesto puede también encontrarse, pero el planteamiento patrimonial contemporáneo, la voluntad de conservar en el estado, inhibe ampliamente estas posibles reapropiaciones. La ciudad envejece, se endurece, y cada vez más raros son los lugares "resemantizados" en espacio público: la ciudad-museo tomó el paso sobre la ciudad.